lunes, 11 de marzo de 2013

Las cinco indignidades



Acosadores e idiotas | Política | EL PAÍS



Es un historia indigna, pero sobre todo es la historia de cinco indignidades, que tanto desde el punto de vista  político como del ético resultan imperdonables.

La primera indignidad es la de Ismael Alvarez y su grupo de incondicionales del acosador. Políticos sin ideología ni ética, únicamente fieles a sus propios intereses. Solo asco se puede sentir hacia estos personajillos.

La segunda indignidad es la del P.P. que nunca condenó claramente a este acosador, que se apoyó en él tras las últimas elecciones para obtener la alcaldía y ahora se rasga las vestiduras ante el apoyo de este acosador a los ediles del PSOE (ya ex-PSOE, según parece). Era previsible esta reacción, ya que ese sindicato de intereses que es el PP únicamente se rige por criterios de propio interés electoral.

Ana-Botella-llego-a-elogiar-la-decision-de-dimitir-adoptada-en-su-dia-por-Ismael-Alvarez

La tercera indignidad es la de los ediles que eran del PSOE y ahora parecen ser solo representantes de su propia miseria. No existe nada, nada que pueda justificar un pacto contra natura como este.

La cuarta indignidad es la del aparato del PSOE. No se puede alegar desconocimiento, cuando el pacto había salido publicado en la prensa nacional. No se puede descargar la responsabilidad en el Secretario de Organización para después arroparlo "sin fisuras". En política no debería valer todo, Sr. Rubalcaba, y cuando se atropella de ética de forma tan grosera, solo cabe la dimisión.

La quinta indignidad, la que menos explicación tiene, la de peor remedio es la del pueblo de Ponferrada o por lo menos la de aquellos que apoyaron al acosador y su impresentable partido, dándoles cinco concejales en las últimas elecciones. Y digo que es la de más difícil remedio porque a los políticos se los puede echar si el pueblo quiere, pero no se puede echar a los ciudadanos, Si hubiera nacido en Ponferrada, me sentiría avergonzado de cruzarme por la calle con ciudadanos que obligan a exiliarse a la víctima y premian políticamente a un acosador condenado. Solo teniendo espíritu de lameculos se puede votar o pactar con semejantes personajes.

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