domingo, 19 de julio de 2009

HOY NO ME PUEDO LEVANTAR

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Siempre tenemos días mejores y días peores. Y ayer era uno de los segundos. Así que cuando marchamos a La Laboral de Gijón a ver el nuevo espectáculo de los hermanos Cano, Hoy no me puedo levantar, mis presagios no eran precisamente los mejores.

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Sin embargo, como me suele ocurrir con frecuencia, me equivoqué.

El espectáculo merece la pena. La música son en su totalidad éxitos de los ochenta/noventa de Mecano, bien engarzados por unos diálogos fluidos que mantienen el ritmo del espectáculo.

La historia, de dos chicos que en 1981 llegan al Madrid de la movida con ánimo de triunfar en el mundo de la música, al principio consigue divertir, en la segunda parte toca el lado tierno y hasta el melodrama, para terminar en una explosión de música donde acabamos todos en pié, aplaudiendo, tocando las palmas y participando. Lo que no es de extrañar, porque eran las canciones de nuestra vida.

Como lo había visto en el programa, sentía curiosidad por saber como iban a encajar la canción de “No es serio este cementerio” que iba a continuación de la parte más tierna y emotiva del musical, porque el contraste podría resultar un poco bufo. Tengo que decir que estuvo muy bien tratada y funcionó como un cortante que nos hizo pasar de sentir un nudo en la garganta a participar en la explosión final donde todos fuimos un poco Mecano

En definitiva 3 horas y media largas de espectáculo que a mi se me hicieron muy cortas.

Personalmente me produjo ese tipo de nostalgia propio de la gente que estamos ya entre la segunda y la tercera edad.

Esa nostalgia de lo que no vivimos, pero que se supone que es signo y marca de nuestra generación.

En la época de la movida madrileña, yo era un feliz padre de familia, que todas las mañanas me ponía mi traje y mi corbata y me iba a trabajar, muy seriecito, para ganarme mi pan y el de mi familia. Por cierto, sigo siendo igual, pero con la barba blanca.

No conocí las noches de movida, ni la época dorada de la droga, ni tantas otras cosas. Y la mayoría de la gente de  mi generación, de la liberación sexual nos enteramos por la prensa.

Así que cuando vemos un espectáculo como este, tan bien montado por otra parte, el alma se nos llena de banderas. De las banderas que nunca llegamos a ondear, pero que vimos por la televisión cuando después de cenar y cansados del trabajo diario nos sentábamos un rato delante de la caja tonta antes de ir a la cama.

Por eso, siempre sentiremos nostalgia de aquellos tiempos. La nostalgia pura de los que nunca vivimos la movida.

Os recomiendo la obra. Merece la pena y estoy seguro de que no os decepcionará, igual que no me decepcionó a mi.

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