domingo, 12 de julio de 2009

DE LA ÑOÑEZ A LA DESFACHATEZ

Esta mañana, como de costumbre, salí a correr temprano.  Cuando estaba estirando unos chavales que pasaban en un coche y que probablemente volvían de marcha, me gritaron algo.

Como llevaba los cascos del MP puestos, no oí lo que decían, pero seguramente era alguna burla. No le dí mayor importancia, porque pasa con alguna frecuencia.

Suelo dedicar ese tiempo en el que corro a pensar en mis cosas, porque generalmente voy solo y el esfuerzo físico, el aire libre y la música que voy escuchando me ayudan a concentrarme y sentirme a gusto.

Recordando el incidente anterior, una cosa me llevó a otra y recordé una escena que viví recientemente en la playa de Sanxenxo.

Iba paseando por la playa y a la orilla del agua había un par de niñas de 15-16 años. Unos 10 metros más allá, había otras dos niñas y un chaval de una edad similar, sentados en la arena. Estaban hablando y teniendo en cuenta la distancia, lo hacían a voces.

- Ven a bañarte – Le dijo una de las que estaban  a la orilla a otra que estaba sentada.

- No, que ya te dije que estoy con la regla – le contestó.

- ¿Y que?. No se te corta por eso

- A mi, si.

- Pues serás la única mujer del mundo que se le corta la regla por bañarse.

- No, es que tiene miedo manchar el agua – intervino el mozalbete.

Cuando yo era joven, hablar de la regla era algo tabú. Resultaba absurdo, porque es algo natural, pero era así. Fruto de la mojigatería propia del ambiente de aquella sociedad dictatorial.

Afortunadamente, ya no es así. Pero sigue siendo algo íntimo de la mujer, parte de su propia naturaleza.

Igual que otros actos íntimos no los realizamos públicamente, tampoco solemos comunicarlos a gritos en público.

Su hacemos el amor, no solemos salir a la calle diciéndolo a voces. Cuando realizamos nuestras necesidades, tampoco es habitual vocearlo.

Me parece que hemos criado una generación que no sabe distinguir entre lo mojigato y lo discreto, entre lo íntimo y lo público. Entre la buena educación y la grosería.

Y supongo que una parte de la culpa es nuestra. No supimos transmitir nuestros valores, propios de una sociedad abierta y libre, pero al tiempo que sabe respetar lo íntimo y es capaz de actuar con educación y comedimiento.

Tengo la sensación que esta generación actual de chavales ha perdido el sentido del respeto.

A veces, cuando reflexiono sobre estas cosas, pienso que me estoy haciendo viejo (lo que es verdad, por supuesto) y que he perdido el tren. Otras veces, leo noticias como esta y pienso que no, que quien ha perdido el norte es la sociedad actual:

Un joven de 16 años agrede a su profesora en un instituto de Sevilla. Europa Press

Vale, todos los jóvenes no son así. Pero ¿cuantos si lo son?.

Bueno, va. Una poesía para ir de buen rollito. “El ciprés de Silos” de Gerardo Diego.

Enhiesto surtidor de sombra y sueño

que acongojas el cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,

flecha de fe, saeta de esperanza.

Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,

peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,

qué ansiedades sentí de diluirme

y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,

ejemplo de delirios verticales,

mudo ciprés en el fervor de Silos.

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Durante tres o cuatro días, probablemente no pueda entrar en el blog. Espero que lo cuidéis por mi.

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