sábado, 30 de mayo de 2009

PORQUE ESTAMOS EN PRIMAVERA

Lo más difícil de conservar, según va pasando la vida, es la inocencia.

Y si de algo está pleno este poema de Miguel Hernández, dedicado a Josefina que sería su esposa, es de inocencia.

Que lástima que una guerra, triste como todas las guerras, útil solo para algunos que nunca se jugaron  la vida en ella e injusta como injusta es siempre la muerte de inocentes, se llevase por delante tantas vidas y la de Miguel también.

Pero nos quedan las palabras y nos queda, en el fondo de nuestro corazón que ya empieza a estar cansino de tanto latir, esa gota de inocencia.

Por eso, a veces, aún el alma se nos llena de anhelos y los ojos de lágrimas.

"Te me mueres de casta y de sencilla:

estoy convicto, amor, estoy confeso

de que, raptor intrépido de un beso,

yo te libé la flor de la mejilla.

Yo te libé la flor de la mejilla,

y desde aquella gloria, aquel suceso,

tu mejilla, de escrúpulo y de peso,

se te cae deshojada y amarilla.

El fantasma del beso delincuente

el pómulo te tiene perseguido,

cada vez más patente, negro y grande.

Y sin dormir estás, celosamente,

vigilando mi boca ¡con qué cuido!

para que no se vicie y se desmande."

Disfrutar del sol, que aunque se pone todas las noches, siempre vuelve a salir por la mañana.

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